Proyecto "Un cuento fantástico"
Ando ajetreado con el proyecto "Un cuento fantástico". Hay que hacer inmensos esfuerzos para que los alumnos comprendan qué tienen que hacer, para qué y cómo..
Después de varias sesiones de lectura de relatos, de explicación de las características del cuento fantástico, de nuevas lecturas, de explicación de las instrucciones para redactar un primer argumento... varios alumnos se han acercado a decirme que qué tenían que hacer, que no se les ocurría nada, que no tenían imaginación, que eso de los cuentos no les va, etc.
Mientras los que si parecían tener imaginación tecleaban, he formado un pequeño corro a mi alrededor, junto a mi mesa y he tratado de explicarles que no se trata de tener imaginación, sino de provocarla. Y les he vuelto a explicar los mecanismos del cuento fantástico, pero ahora sin registro culto y sin tono profesoral. He insistido en lo que ya habían leído en mi post dedicado a las instrucciones para idear y redactar un argumento: en que hay que partir de situaciones cotidianas, en que hay que elegir algún hecho de la vida diario que de repente se vuelve inexplicable, etc. Parece que les he tranquilizado, animado y convencido de que eso de la falta de imaginación se pude solucionar.
Cuento todo esto porque confirma de nuevo que de nada sirve explicar las cosas a toda la clase con claridad, con orden, con buenos ejemplos... si además no haces un corro, conversas con llaneza, das ánimo y confianza, y además sonríes y eres firme, aunque amable.
Desde luego, es mucho más fácil explicarles la lección del texto narrativo y luego preguntársela en un examen. Y el que suspenda, pues haber estudiado. Sí, pero mucho más aburrido. Y estoy decidido a llegar a la jubilación sin aburrirme en clase.
Después de varias sesiones de lectura de relatos, de explicación de las características del cuento fantástico, de nuevas lecturas, de explicación de las instrucciones para redactar un primer argumento... varios alumnos se han acercado a decirme que qué tenían que hacer, que no se les ocurría nada, que no tenían imaginación, que eso de los cuentos no les va, etc.
Mientras los que si parecían tener imaginación tecleaban, he formado un pequeño corro a mi alrededor, junto a mi mesa y he tratado de explicarles que no se trata de tener imaginación, sino de provocarla. Y les he vuelto a explicar los mecanismos del cuento fantástico, pero ahora sin registro culto y sin tono profesoral. He insistido en lo que ya habían leído en mi post dedicado a las instrucciones para idear y redactar un argumento: en que hay que partir de situaciones cotidianas, en que hay que elegir algún hecho de la vida diario que de repente se vuelve inexplicable, etc. Parece que les he tranquilizado, animado y convencido de que eso de la falta de imaginación se pude solucionar.
Cuento todo esto porque confirma de nuevo que de nada sirve explicar las cosas a toda la clase con claridad, con orden, con buenos ejemplos... si además no haces un corro, conversas con llaneza, das ánimo y confianza, y además sonríes y eres firme, aunque amable.
Desde luego, es mucho más fácil explicarles la lección del texto narrativo y luego preguntársela en un examen. Y el que suspenda, pues haber estudiado. Sí, pero mucho más aburrido. Y estoy decidido a llegar a la jubilación sin aburrirme en clase.





4 Comments:
Completamente de acuerdo Felipe. El corro es una de esas viejas prácticas con valores genuinos insubstituibles, algo que no pasa como el juego de la pelota para niños/as. Al hacer un corro con los alumnos/as lo que hacemos es romper barreras y fomentar el acercamiento en un mismo plano. Es justamente lo contrario a la tarima, cuyo único objetivo es cambiar de nivel, y al alineamiento de mesas y pupitres que tras un presunto orden esconden un invisible muro... una separación.
En un grupo de adultos dialogando, basta quitar mesas de en medio y sentarnos en círculo, unos frente a otros, sin obstáculo alguno por el medio, para observar como el diálogo se torna mas cercano y comprometido, mas tenso y exigente, porque esa simple distribución del espacio físico entre las personas fomenta la proximidad, el acercamiento, el compromiso.
No es tan sencillo como parece lo del corro, y los alumnos aprecian la proximidad y reconocen el esfuerzo del profesor que así se les aproxima. Por ello, entre cátedra y cátedra un buen corro Felipe, haces muy bien.
Quizá, digo quizá, los alumnos no entiendan lo fantástico como una forma de realidad. Me explico: cuando ellos piensan en lo que les pasa, ¿cuándo dicen que un suceso es "fantástico"? Algo fantástico probablemente sea equivalente a maravilloso, o impactante, o posible y deseable, o simplemente inusual. No sé. ¿Qué dicen ellos de lo que es "fantástico"?
Ahora, si digo que al abrir un armario encontré un millón de dolares, ¿será fantástico? ¿Y si me encuentro un unicornio, un sonámbulo cantando la cumparsita, un gallo con cara de reloj hablando con su pata? ¿Será igual lo fantástico en Europa a lo fantástico en el Amazonas para una tribu asháninka?
Y luego, les digo que tienen que hacer un cuento. Si respetan lo culto o la autoridad o cierta seriedad, quizá traten de armar un texto a la manera de quien construye una casa. Supongo que no como ven los videoclips o los argumentos de los anime o los videojuegos, donde la acumulación de situaciones no se basa necesariamente en los principios de optimización narrativos occidentales. Yo no entiendo los anime, pero me causan una extraña atracción y hastío, al menos quiero entender porqué (por qué hay tanto pokemones, tantos nombres, poderes, personajes, etc.)
¿Dónde estará para ellos la idea de escribir un cuento y dónde sentirán lo fantástico (más acá de la computadora holográfica y el auto que ubica tu casa por Google Maps)?
Es un tema que me hace mirar hacia dentro, de ellos y de mí.
Gracias.
Creo que en tu post destacas uno de los mayores obstáculos con los que tenemos que lidiar a diario: el saber exponer bien las pautas de trabajo.
Yo tengo comprobado que hay alumnos que no entienden lo que deben hacer hasta que lo verifican con sus propias palabras. El "profe no lo entiendo, no sé qué debo hacer" es muchas veces una muestra de la inseguridad de nuestros alumnos que reclaman, como muy bien tú resuelves, una atención personalizada, es decir, calidez, comprensión, atención... quizá todo aquello de lo que andan tan escasos nuestros alumnos.
Ya me hubiera gustado tener profesores así, que me alentaran a escribir :)
Pero, Felipe, como profesor, a que crees que se deba el hecho que un niño sienta que no tiene imaginación? o que derrepente se sienta bloqueado para imaginar cosas fuera de lo común?
Felicitaciones por el blog, me encanta!
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