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1.6.06

Ante el Panfleto antipedagógico (2)

Me siento motivado para seguir escribiendo de la motivación a propósito del Panfleto antipedagógico. Y lo haré a partir de este párrafo:

Leer a Virgilio puede ser algo muy hermoso, pero para ello hay que estudiarse primero las declinaciones latinas, uno de las cosas más aburridas del mundo. Entender la física y las matemáticas de un cierto nivel es cosa apasionante, pero a esto no se puede llegar si antes no se han hecho muchos ejercicios rutinarios con fracciones y con el sistema métrico decimal. Estos trabajos tediosos se han de hacer porque lo manda el profesor, no hay más solución, y el oficio del profesor no consiste en ser simpático a los alumnos.

¿Quién puede estar en desacuerdo con que todo aprendizaje tiene un componente rutinario, repetitivo, destinado a adquirir habilidades que tienen mucho de automatismos? Y sin embargo, ni en la adquisición de estos automatismos están ausentes–y que nos disculpe Ricardo Moreno Castillo por usar esta palabra – las actitudes. Pongamos el ejemplo de la ortografía. El aprendizaje del código escrito requiere el conocimiento de normas basadas en convenciones y la realización de ejercicios que ayuden a automatizarlas. Pero también requiere tomar parte activa en un contexto alfabetizado –lectura de prensa, libros, folletos…-, y para actuar en este contexto hay que tener motivos, razones, necesidad… No se aprenden primero las normas –con ejercicios tediosos y aburridos- y luego e usan –en actividades ya más gratas o menos dolorosas-, sino que tanto su aprendizaje como su aplicación requieren contextos donde escribir tenga sentido, donde los textos sean públicos, donde los aprendices sean conscientes de la imagen social que es inherente a una mala educación ortográfica… Todos los profesores de lengua tenemos experiencia de que alumnos que han hecho miles de ejercicios de ortografía siguen escribiendo con faltas: primero, porque no leen (para leer es necesario el gusto y la necesidad de hacerlo); segundo, porque generalmente lo que se escribe en la escuela no tiene ningún valor social: no nace de la necesidad de escribir y no esta dirigido a unos destinatarios reales. En cuanto las actividades de escritura cobran algún sentido para los alumnos, éstos se interesan por que sus textos se adecuen a la norma ortográfica y aceptan con bastante facilidad la realización de “ejercicios rutinarios”, que dejan de tener esta condición en cuanto forman parte de una tarea global interesante. ¿Cuál es, pues, la falacia del Panfleto antipedagógico? En primer lugar, insistir en que del ejercicio rutinario y repetitivo se sigue un verdadero aprendizaje; y segundo, insinuar que quienes tratamos de insertar las rutinas en contextos que les den sentido, sustituimos el trabajo serio por los juegos circenses.

7 Comments:

Blogger Lu said...

Aplaudo el razonamiento de este segundo post. Ciertamente, el silogismo que propone Ricardo Moreno Castillo es una falacia que no tiene fundamento (rutina=aprendizaje). El ejemplo de la ortografía es un ejemplo, pero seguro que cada uno en su área puede aportar otros.

1/6/06  
Blogger Eduardo Larequi said...

No estoy del todo de acuerdo con tu visión del Panfleto, Felipe, pero no se puede negar la solidez y la justeza de las razones que presentas.

Yo tambien he terciado en la polémica con un larguísimo artículo que acabo de hacer público, en http://blogdeltigre.coconia.net/?p=176 (como verás, he renovado una vez más la bitácora).

Espero, en cualquier caso, que nuestras discrepancias sirvan para enriquecer el debate, y no para enconar posiciones que no parecen fáciles de conciliar.

Mucha suerte con Joomla. Yo tengo pendiente convertirlo en mi gestor de contenidos de cabecera, para volcar sobre él Lengua en Secundaria, pero nunca encuentro el tiempo suficiente.

1/6/06  
Anonymous Anónimo said...

Estoy de acuerdo contigo, cada vez me gusta menos el panfleto. La motivación es necesaria para que el alumno persevere en esos aprendizajes instrumentales más aburrridos y se pueden hacer de mil maneras. Incluso las declinaciones latinas se pueden hacer un poco más amenas jugando, deduciéndolas entre todos...Laura

2/6/06  
Blogger Eduardo Larequi said...

El caso que has utilizado, Felipe, para argumentar sobre las falacias del Panfleto es muy interesante, aunque a mí me gustaría observarlo desde otra perspectiva.

En efecto, no hay duda de que los chavales valoran más el respeto a las normas ortográficas cuando sus producciones escritas se insertan en contextos significativos para ellos (y es responsabilidad del profesor buscarlos y propiciarlos, claro).

Ahora bien, la significatividad del contexto no basta por sí misma, pues hay otros contextos más amplios(el pedagógico, el académico y el social) que influyen sobre las expectativas y experiencias previas de los alumnos.

Me da la impresión de que en los últimos años se ha debilitado mucho la valoración social, académica y pedagógica de la buena expresión oral y escrita. La institución escolar tiene parte de responsabilidad en este descrédito (aunque, desde luego, no toda), que ha venido propiciado por algunos enfoques que priman la creatividad, el espontaneísmo, etc., y por una pérdida general de la estimación académica de la obra bien hecha.

Se puede argumentar sólidamente que esos no son cargos imputables a los enfoques metodológicos más sensatos, pero me parece innegable que también existen tendencias pedagógicas que se han demostrado bastante insensatas.

2/6/06  
Blogger Felipe Zayas said...

El artículo a que hace referencia Eduardo debe leerse atentamente, porque es mesurado, está argumentado y busca el entendimiento (no necesariamente el acuerdo) entre quienes leemos de modos diferentes el Panfleto. Creo que tiene razón al pedir que no se descalifique el texto (y menos al autor) sin argumentaciones referidas al propio texto. Yo creo que el panfleto tiene mucho interés porque da expresión a un punto de vista muy extendido y a unos sentimientos ampliamente compartidos entre el profesorado. Y hay que concederle, además, el haber sido capaz de movernos a muchos a buscar argumentos en contra de los suyos. No todo panfleto merece ser respondido. Éste merece y debe ser respondido.

2/6/06  
Anonymous Carmen said...

La verdad es que yo había leído el texto que comentabas de forma diferente. Me parecía una reacción contra algo que ha formentado nuestro sistema educativo y que ha propiciado nuestra sociedad. Me refiero a que el adolescente de hoy no está acostumbrado a esforzarse para conseguir nada y, por supuesto, no acepta aburrirse (en general, claro). Quizá le falte al panfleto un toque esperanzador en el que, a pesar de lo que hay a veces, muchos profesores buscan nuevas formas de comunicarse con ese sujeto diferente que tienen delante.

2/6/06  
Anonymous Anónimo said...

Lo que es una gran falacia es que de la lectura derive la correción ortográfica.

Sin ir más lejos, mi hermana -leyendo bastante- tiene muchas más faltas ortográficas que tenían mis compañeros de clase que solo leían los dos libros obligatorios de cada año.

¿La diferencia? Los dictados del Padre Domingo, supongo.

3/6/06  

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